Sobre la Warner Bros., HBO Max y un 2021 incierto

La pandemia nos ha traído locos este año y, en el mejor de los casos, nos ha puesto la casa patas arriba. Y no solo en lo personal y laboral, si no también en lo lúdico.
Los cines se han visto obligados a cerrar, y luego han abierto de nuevo, al menos los que han podido y no han sucumbido a la quiebra. Pero ahora se ven forzados a hacerlo con el aforo limitado y, claro, eso ha afectado a las cuentas de los grandes estudios. Los números no salen. Y es que nuestro ocio es lo profesional de otra gente, de personas y compañías que se juegan los puestos y los cuartos apostando por la pirotecnia y la magia esa que nos ofrecen las películas.
La AT&T, multinacional de las telecomunicaciones propietaria de la Warner Bros., es como los cylon modernos, tiene un plan, y viendo la que se avecina ha decidido que los diecisiete títulos que la Warner tenía previsto estrenar en 2021 estarán también disponibles de forma simultánea en las salas de cine y en la plataforma de streaming HBO Max (aunque aclaran que durante un mes). Dicen que no es la opción más deseable, pero creen que es la mejor de todas las que manejan para competir en los tiempos del virus. Y ya tenemos la polémica servida.

Dos nombres mayúsculos dentro de la industria han puesto el grito en el cielo. No son los únicos (también han sido Roland Emmerich, James Gunn o el sindicato de directores de América, y los que llegarán), pero sí los que más atraen a los focos y alimentan los corrillos, en parte porque hablan desde dentro de la compañía señalada: Denis Villeneuve y Christopher Nolan.

El primero, que tiene en la rampa de salida su requeteanunciada versión de DUNE, ha venido a hablar de su libro. Asegura que DUNE es lo mejor que ha hecho hasta la fecha, y que le parece injusto que se denigre de esta manera su trabajo. Las películas están hechas para ser saboreadas en una sala de cine, con las condiciones propicias para que se produzca la magia. Un discurso que es el nuestro, pero que también defendieron en su día Scorsese, Spielberg, Tarantino o Almodóvar, y algunos palos les cayeron. Acusa a AT&T de no tener respeto por el cine ni por el público, y define toda la situación como un ejercicio para salvar sus muebles en esa jungla de lobos que es Wall Street. Es decir, nos recuerda con el dolor del creador ninguneado lo que en el fondo es Hollywood: un negocio multimillonario donde lo importante no es la Gioconda, si no las postales que se venden de la Gioconda en la tienda del museo.
Su proclama no está muy lejos de esa que defendemos los que amamos el cine. A nosotros no nos importan los cuartos (solo los que nos dejamos en las entradas, pero ese es otro tema), si no la experiencia que envuelve el visionado de una película. Vamos al cine porque es nuestro templo, un lugar mágico donde las luces se apagan y se ilumina una ventana que nos permite cruzar al otro lado. Es una experiencia catártica, casi religiosa. También podemos disfrutar de las películas en la comodidad del salón de nuestra casa, pero no es lo mismo. Es una vivencia más descafeinada, que sirve para un roto, pero que muchos no contemplamos como definitiva.

Christopher Nolan, que estrenó durante la pandemia su TENET y no tiene nada previsto para el próximo año, también defiende el cine proyectado en sala, y mientras más espectacular y ruidosa mejor, que así se disimulan mejor los agujeros de trama y aparenta mejor lo hueco y lo artificioso. Pero la manera en la que enfoca su argumento me parece mucho más interesante y nos recuerda que detrás de toda producción audiovisual hay personas.
Nolan se lamenta de que en la AT&T se haya tomado esa decisión sin tener en cuenta a los sindicatos que representan a los diferentes colectivos que participan en una película. Y con eso no se refiere ni a él, ni a los Ben Afflecks o los Clint Eastwoods ni los Villeneuves de turno. Habla de los eléctricos, del departamento de maquillaje y vestuario, de la gente que hay detrás de la dirección artística, de los maquinistas y los gaffers, y también de esos actores secundarios que tienen una escena con tres frases y que quizá trabajen un par de veces al año. Los sindicatos lucharon en su momento para proteger a todos ellos y que obtuvieran beneficios si los derechos de las películas en las que habían trabajado se cedían a terceros. Como los derechos de autor, pero menos. Es una manera de ayudar a que todos estos profesionales puedan seguir dedicando parte de su tiempo y su vida laboral a desempeñar sus funciones, y por consiguiente a sostener el tejido de la industria. Porque Hollywood es mucho más que ejecutivos con traje, grandes estrellas y directores consagrados. Las películas no se hacen solas.
Nolan no juzga el hecho del estreno simultáneo en salas y plataformas. Al menos no en el sentido de valorar si es una decisión buena o mala. De lo que se queja es de que esta declaración de la Warner parece más orientada a promocionar a HBO Max, y mejorar su posición en el mercado, que obedecer a un plan para proteger la industria. Y él considera un riesgo dar ese paso sin haber negociado antes con los sindicatos y discutir con ellos acerca de lo que comporta, ya que considera que las estructuras económicas que sostienen las vidas de todos aquellos que trabajan «por debajo de la línea» (es decir, la mayoría de los que aparecen en los créditos del final que nadie se mira) podrían quedar muy debilitadas.
Está claro que AT&T quiere aprovechar la ocasión para asegurarse dos cosas: una, mantener atados a aquellos que dudaban de si mantener sus cuotas con HBO Max; y dos, atraer a la mayor cantidad de suscriptores posibles a su causa. Y es muy posible que Disney se sume también a la fiesta y anuncie pronto que va a hacer algo muy parecido. Después de todo, todos quieren vender más postales de la Gioconda que nadie.
¿Y que nos queda a nosotros, como espectadores?
Seguiremos viendo películas, sí. Y mientras tengamos donde elegir, lo haremos donde queramos, sea en pantalla grande o sea en la comodidad de casa. Es un hecho irrefutable que cada vez que ha habido un cambio en el paradigma de cómo empaquetar la exhibición cinematográfica se ha hecho mucho ruido, y de un modo u otro hemos ido tirando. Veremos si toda esta maniobra es lo que definirá el próximo año, y ya, o si ha venido para quedarse, y el virus de marras no ha sido más que un pretexto para acelerar las cosas.






